25N. Hoy es un día de lucha social y reivindicación, de expresión y de alzar la voz porque la violencia de género actualmente sigue siendo un problema de proporciones endémicas sobre el que se sigue sin tener la voluntad de aplicarla vacuna eficaz; la implantación de una coeducación integral y transversal.

Antes que nada, es de recibo desarticular una máxima que se viene repitiendo de manera incesante. Como viene argumentando Carmen Adán: “la violencia de género NO es una lacra social”, pues de considerarla desde esa perspectiva, estamos obviando que se trata de un problema estructural y no de un defecto de fábrica en aquellas personas que la ejercen.

Es importante esta desvinculación para comprender realmente que la sociedad en el nivel macroestructural no debe declinar en sus responsabilidades, pues influyen y proporcionan en gran medida un ambiente de aceptación de la violencia y legitimación de la desigualdad en los patrones culturales.

No es un acto inocente que el hecho de que la semana del Black Friday se haya instaurado hasta llegar a compartir agenda con la semana de reivindicaciones en contra la de violencia machista. Aquí comprobamos a todas luces como confluyen en un mismo escenario la racionalidad del patriarcado y los intereses del neoliberalismo. Ambos se encuentran en una profunda interrelación, retroalimentándose y sustentándose sobre el mismo sistema económico, político y social dominante, al tiempo que van encontrando ambos nuevos caminos y redes silenciosas casi imperceptibles pero que llevan pasos de ventaja a las acciones por la igualdad y las reivindicaciones feministas.

Este escenario, se alimenta a su vez por discursos políticos que fragmentan y polarizan a la sociedad, evidenciando de una manera más aguda que nos encontramos ante un espejismo de igualdad.

No cabe perder de vista que el patriarcado pretende mantener a las mujeres ocupadas con mandatos de género como la consecución del ideal de belleza inalcanzable. En este sentido, las silencian e invisibilizan sus propias necesidades al tiempo que las alejan de la reflexión crítica, la autoestima y seguridad en sí mismas y supone una barrera para empoderarse, pues el tiempo que invierten en comprar todo tipo de productos y contratar diferentes servicios para llegar a cumplir con ese rol de mujer eternamente joven y deseable ante la mirada masculina, es tiempo que pierden en la reivindicación de sus derechos.

Este tipo de campañas de consumismo desmesurado afectan en mayor media a la precariedad que sufren las mujeres, ya que el sector servicios, al igual que ocurre con la hostelería; es un sector feminizado. Ambos especialmente afectados por la pandemia y en los que se han agudizado las brechas de género (especialmente la conciliación).

Así mismo, en el ámbito laboral se observa una tendencia de demanda de las habilidades blandas o soft skills (comunicación, empatía, trabajo en equipo, paciencia, persuasión, resolución de problemas…), habilidades que curiosamente los roles y estereotipos de género han venido asociando a la feminidad, y que van cobrando nuevas dimensiones como la adaptabilidad, el logro o la independencia.

¿Qué se esconde realmente detrás de este manto de valor en alza en las empresas?,¿será que se están empleando eufemismos para evitar referirse abiertamente a una disponibilidad y dedicación completas por parte de las personas empleadas?

En cualquier caso, nos encontramos con un caldo de cultivo que alimenta y perpetúa el hecho de que la sociedad siga recibiendo un mensaje distorsionado sobre cómo se desencadenan los procesos de violencia de género desde la base y sobre la necesidad de reafirmar los derechos de las mujeres, lo que da lugar a la normalización y naturalización de aquellos micromachismos generados por el tejido social, político y económico, que parecen pasar desapercibidos o tener relación escasa con las cuestiones de igualdad.

En apenas unos meses, se cumplirán dos años desde la abrupta e inesperada llegada de la emergencia sanitaria. En este sentido, tanto desde el feminismo institucional como desde el plano activista se ha trabajado a contra reloj implementado acciones de contingencia con la finalidad de reforzar y extender los servicios de violencia de género, creando nuevos mecanismos y recursos, visibilizando y haciendo pedagogía, entre otras muchas medidas. No obstante, seguimos comprobando día tras día como son a todas luces insuficientes y tardíos, especialmente en la población más joven que niega o resta importancia a esta problemática.

La cuestión radica, por ende, en coeducar y visibilizar aquellas manifestaciones, que a pesar de no ser tan atroces como los asesinatos, facilitan un escenario de asimetría y violencia que todavía la sociedad no ha llegado a vislumbrar en toda su magnitud.