La primera vez que se celebró un Homenaje a la Madre en España fue el 4 de octubre de 1926. Su finalidad fue la de enseñar a las niñas y los niños  a respetar  a sus madres y a las mujeres en general. A partir de entonces la celebración fue ganando terreno por toda España hasta que, en 1936, un Ayuntamiento de las islas Canarias, Breña Baja, fue el primero en instituir el Día de la Madre de forma oficial en nuestro país.

Cada año hay menos mujeres que son madres por primera vez: por un lado, el número de mujeres en edad fértil no para de descender, y por otro,  un porcentaje de mujeres ha renunciado a la maternidad.

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 Las mujeres se enfrentan a grandes desafíos como madres como pueden ser  encontrar un equilibrio entre sus responsabilidades laborales y familiares y cumplir con las expectativas de ambos roles, la falta de libertad y tiempo para ellas mismas y el sentido de culpabilidad por no poder estar en todos los momentos  compartiendo las experiencias de sus hijas e hijos.

Edad de la maternidad en España

 

El estudio «Maternidad y trayectoria profesional», tras encuestar a más de 8000 mujeres,  encuentra que los principales obstáculos con los que se encuentran las mujeres limitando  su  pleno desarrollo laboral como madres trabajadoras o madres potenciales  son: los micromachismos, la falta de un reparto ecuánime de las responsabilidades en el hogar, la falta de apoyo institucional a la familia y a la maternidad y las estructuras jerárquicas rígidas en las empresas.

La edad de media en la que las mujeres tienen su primer hijo o hija en España son los 32, siendo el segundo país de la unión Europea con la media de edad más alta,  y además España es el país con el mayor porcentaje de mujeres que tienen descendencia  pasados los 40 años.

Según la última Encuesta de Fecundidad del Instituto Nacional de Estadística (INE), algunos de los motivos que han llevado al aumento de la edad de la maternidad son las dificultades económicas, la carrera profesional y la conciliación laboral familiar. El 40% de las mujeres españolas pospone la maternidad por motivos profesionales, no quieren renunciar ni a ser madres ni a su carrera profesional.

 

La participación visible de la mujer en el mercado de trabajo español  se remonta al último tercio del siglo XX , lo que  ha supuesto diversos cambios en el ámbito sociocultural. Entre los más significativos,  se observa  que  en el mercado laboral español  se ha incrementado la tasa de actividad femenina en más de 21 puntos en casi 25 años en España. 

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Desde 1994, de los 6,1 millones de personas que se han incorporado al mercado de trabajo, 3,4 millones han sido mujeres. También se refleja   en el sistema educativo en el que  la tasa de escolaridad de la mujer es superior en casi todas las edades a la de los varones, incluida la educación universitaria, excepto en las carreras técnicas. Y por otro lado, la tasa de natalidad, ha disminuido.

Incorporación de las mujeres al trabajo

Esta incorporación de la mujer al mundo laboral, se ha producido manteniéndose la división sexual del trabajo y una marcada desigualdad en el trabajo asalariado. Las mujeres siguen ocupando en mayor manera  las categorías profesionales definidas con escasa calificación y menor prestigio social, además de tener mayor presencia en trabajos temporales, que  se eleva progresivamente con la maternidad.

A pesar de los cambios sociales  que se han ido produciendo en las últimas décadas con la incorporación de la mujer al trabajo asalariado, los  cambios legislativos y culturales  no se han  desarrollado a la misma velocidad en la que las mujeres se han ido  incorporando al mundo laboral, lo que propicia que las mujeres trabajadoras  se hayan visto en dificultades para poder desempeñar todas sus tareas, esta situación se  refleja en la doble presencia, situación que se sobre dificulta  con la maternidad.

La doble presencia

Las mujeres continúan teniendo el peso de la responsabilidad y de la ejecución del trabajo doméstico-familiar  ya que las mujeres ocupadas  dedican de media al trabajo doméstico 3 horas y 56 minutos diarios,  frente a las 2 horas que dedican los varones.  Esta  doble presencia, se entiende como la necesidad de responder a las demandas del trabajo asalariado y del doméstico-familiar de forma sincrónica y  se constituye como un factor de riesgo psicosocial.

La dimensión de la  doble presencia está mediada por factores que tienen que ver con la organización y las condiciones de trabajo,  y por otro lado por factores del ámbito familiar relacionado con el desigual reparto de las tareas domésticas y de cuidados.
En cuanto a las condiciones de trabajo, los factores que influyen  son:

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• El tiempo de trabajo, en el que se incluyen cuestiones como:
– La ordenación, duración o modificación de la jornada de trabajo, jornadas muy largas, jornadas con               horarios impredecibles o irregulares.
– Falta de flexibilidad horaria.
– Bajo nivel de autonomía sobre la jornada.
• Existencia de altas exigencias cuantitativas,  derivadas de la cantidad de trabajo. Son altas cuando tenemos más trabajo del que podemos realizar en el tiempo asignado e implican el alargamiento de la jornada laboral.
• Alta carga de trabajo, derivada de la suma del tiempo dedicado al trabajo remunerado con el tiempo  dedicado al trabajo no remunerado, lo que genera fatiga y agotamiento.

La doble presencia es un riesgo para la salud que se origina por el aumento de la carga de trabajo así como por la dificultad de responder a ambas demandas cuando se producen de manera simultánea. Se asocia con peores indicadores de salud mental, vitalidad, síntomas cognitivos y conductuales de estrés en mujeres y en hombres con síntomas cognitivos de estrés.

Conciliación

La conciliación laboral y familiar implica la igualdad de oportunidades y de desarrollo tanto en el trabajo como en la vida personal. Esto supone que toda persona trabajadora debe tener la posibilidad de disfrutar de tiempo para su vida personal y familiar, pudiéndolo compatibilizar con el desarrollo de su vida profesional.

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A nivel estatal, la primera ley específica que reguló este ámbito fue la Ley 39/1999 de 5 de noviembre  para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras. Pero será la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igualdad efectiva de mujeres y hombres la que, además de ampliar los derechos en esta materia, se propone como objetivos, adoptar las medidas que garanticen la conciliación de la vida laboral, familiar y personal y fomentar la corresponsabilidad en la asunción de responsabilidades familiares y domésticas entre mujeres y hombres.

En cuanto a las medidas relativas a la mejoras de los permisos legales, la empresa amplía y mejora los permisos relativos a conciliación previstos en la legislación: permisos por nacimiento y adopción, por guarda legal de menores o cuidado de personas dependientes y equiparando los permisos por nacimiento y lactancia entre mujeres y hombres.

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Las medidas son las siguientes:

  •  Ampliación del permiso de paternidad
  •  Ampliación del permiso de lactancia
  •  Ampliación del permiso de maternidad
  •  Permisos retribuidos por cuidados (para reuniones escolares, enfermedades de  hijos/as,  acompañamiento al médico personas  dependientes, etc.)
  •  Permisos no retribuidos (excedencias, vacaciones sin sueldo, días sin sueldo)
  •  Mejoras a la reducción de jornada por guarda legal
  •  Mejoras en las excedencias por guarda legal o cuidado de personas dependientes

Estas medidas se recogen en el Real Decreto-ley 5/2023, de 28 de junio

Renuncia a la maternidad

La natalidad en España ha ido decayendo en los últimos años, un 24% en los últimos 10 años.   En el año 2023 España registró 322,.075 nacimientos, la cifra de natalidad más baja desde 1941.

Cada vez son más mujeres las que deciden no ser madres. Pero ¿Cuáles son sus motivos? A través del Barómetro social de la percepción de las españolas acerca de la maternidad y la fertilidad, realizado por IVI en España, podemos conocer cuales son las principales razones.

  1. El 62% de las encuestadas entre 25 y 29 años esgrimen  que son demasiado jóvenes para justificar porqué no han sido madres aún.
  2. Más de la mitad de las encuestadas en el grupo de edades de 30 a 35 años no ve factible tener descendencia debido a su situación laboral y dificultad para conciliar.
  3. Las mujeres menores de 36 años renuncian a ser madres por la falta de recursos económicos.
  4. Mujeres de entre 36 a 45 años declaran que el hecho de no tener pareja o que no sea la adecuada es una razón importante para no haber sido madres aún.
  5. El 61% de las encuestadas de 36 a 39 años afirma que tener descendencia es una pérdida de libertad y de no tener tiempo para sí mismas.

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