La corresponsabilidad familiar implica asumir la responsabilidad compartida de las tareas del hogar y los cuidados con el objetivo de armonizar la vida laboral y familiar de los integrantes de la pareja.

Uno de los handicaps de la mayoría de estudios sobre corresponsabilidad familiar es que están centrados en corresponsabilidad entre mujeres y hombres sin tener en cuenta la existencia de relaciones de pareja homosexuales.

En este sentido, las relaciones de pareja han sufrido una evolución en las últimas décadas en diferentes formas. La diversidad afectivo sexual se encuentra en nuestra realidad y nuestro día a día, modelos de pareja no normativos, parejas gays y lesbianas han sido aceptados institucional y socialmente bajo el amparo de leyes nacionales e internacionales.

No obstante, costumbres heteronormativas han asociado tradicionalmente el rol de la mujer al ámbito del matrimonio y la procreación y el rol del hombre al ámbito laboral, impidiendo el correcto desarrollo de la corresponsabilidad en los cuidados de las parejas heterosexuales. Estos mandatos han evolucionado a lo largo de los años hasta el momento actual en el que se ha producido la liberación de la sexualidad de la mujer, la aparición de nuevas formas de tener relaciones románticas (relaciones de pareja abiertas, poliamorosas, etc.) y la aceptación de nuevas orientaciones sexuales e identidades de género.

Actualmente se mantienen prejuicios estereotipados, cogniciones y actitudes negativas en torno a personas que mantienen estilos de pareja no normativos y a consecuencia de ello, se ha visto que estos modelos han adoptado un estado de homonormatividad en el que se reproducen los roles de género binarios que mantienen las parejas heteronormativas. Es por este motivo que es necesario analizar todos los tipos de relaciones de pareja a la hora de fomentar la corresponsabilidad familiar.

¿Tienen las parejas homosexuales una mejor gestión de la corresponsabilidad que las parejas heterosexuales?

corresponsabilidad lgtb

Un estudio realizado por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona expone que a pesar de que el desequilibrio en la distribución de las tareas del hogar y los cuidados está altamente asociado al género, las parejas del mismo sexo y parejas no casadas tienen mayores niveles de corresponsabilidad que las parejas heterosexuales casadas.

Sabemos que el mayor tiempo dedicado por las mujeres a las tareas del hogar es consecuencia de la socialización diferencial y la asunción de roles de género dicotómicos. Sin embargo, la división del trabajo de cuidados puede estar influenciada por otros factores como el mercado laboral o la capacidad negociadora de las parejas.

En parejas homosexuales españolas la división del trabajo doméstico es del 50%, encontrándose los porcentajes en parejas heterosexuales en torno al 70% para la mujer y el 30% para los hombres ¿Cómo explicamos entonces estas diferencias en la corresponsabilidad familiar entre parejas heterosexuales y parejas homosexuales?

A pesar de que existen diversos factores que puedan influir en la división sexual del trabajo doméstico, el estudio muestra que es posible que las personas homosexuales hayan recibido una educación diferencial debido a la identidad sexual expresada y que hayan mostrado rechazo durante su infancia y adolescencia a los roles de género impuestos. Por otro lado, las parejas homosexuales muestran una identidad sexual más uniforme debido a que tienen el mismo sexo lo cual contribuiría a un mayor equilibrio en las prioridades laborales y de cuidados.

En la misma línea, el estudio revela que «las mujeres con niveles educativos más altos realizan un porcentaje menor de las tareas del hogar, mientras que el efecto es el contrario para los hombres: a mayor nivel educativo, más proporción de las tareas realizan».

En definitiva, entendemos que la educación en las primeras etapas de la vida de las personas es esencial para promover valores como la igualdad en la corresponsabilidad familiar y la tolerancia ante estilos de vida alternativos, pero también se debe tener en cuenta que la actitud personal puede ser modificada mediante acciones formativas y de sensibilización.